América Latina enfrenta una grave crisis energética que amenaza su desarrollo económico y bienestar. La dependencia de fuentes fósiles, la escasez de inversión en infraestructura y los fenómenos climáticos extremos han creado un panorama de incertidumbre en varios países de la región, con apagones constantes, aumentos en las tarifas eléctricas y problemas para asegurar un suministro continuo. Argentina es uno de los países más afectados por esta situación