La combinación de energías limpias y técnicas modernas impulsan la producción de frutillas
La combinación de energías limpias y técnicas modernas impulsan la producción de frutillas (Imagen Ilustrativa Infobae) En la vasta Patagonia, donde el protagónico viento marca el ritmo del paisaje, surge una propuesta innovadora para integrar las energías renovables en la producción intensiva de frutillas. El proyecto, liderado por investigadores y extensionistas del INTA Esquel, busca mejorar la eficiencia en los cultivos utilizando tecnologías como el riego por goteo en microtúneles y el bombeo de agua mediante aerogeneradores y paneles solares. Cultivar bajo microtúneles: una solución frente al clima adverso Las frutillas de la Patagonia, conocidas por su dulzura excepcional, enfrentan desafíos únicos. Las fluctuaciones climáticas, como heladas inesperadas y fuertes vientos, complican la producción. Para hacer frente a estas condiciones, el INTA Esquel impulsa el uso de microtúneles, estructuras que protegen los cultivos y permiten un control más preciso del ambiente. Eduardo Miserendino, especialista del INTA, explica que estos microtúneles ayudan a mitigar las heladas y mantener temperaturas óptimas. “No existe un mes libre de heladas, por lo que el manejo del túnel es clave para asegurar el desarrollo del cultivo”, detalla.

Además, los túneles favorecen el crecimiento temprano de las plantas, alargando la temporada productiva que inicia en septiembre. Para hacer frente a condiciones climáticas extremas, se impulsa el uso de microtúneles, estructuras que protegen los cultivos y permiten un control más preciso del ambiente (inta) Energías renovables: el motor del cambio Un aspecto fundamental de esta iniciativa es la integración de energías renovables. Los aerogeneradores, construidos con la colaboración de escuelas técnicas locales, son protagonistas en este esquema. Estas turbinas convierten la fuerza del viento en energía eléctrica, que se utiliza para bombear agua a reservorios elevados, desde donde fluye hacia los cultivos por gravedad. Miserendino destaca las ventajas del sistema: “Los aerogeneradores cuentan con mecanismos de autofrenado para protegerlos de vientos excesivos y desvían la energía sobrante a resistencias. Esto garantiza un suministro continuo y seguro para las bombas de agua”. Además, se utilizan paneles solares como complemento, maximizando la eficiencia energética. Un sistema de riego que optimiza recursos El riego por goteo es otro pilar de este proyecto. Las cintas con emisores distribuyen agua directamente a las raíces, ajustándose a las necesidades diarias del cultivo, que varían según la temperatura y el viento. “Programamos los horarios de riego en momentos de mayor intensidad solar, cuando las plantas demandan más agua. Esto evita el estrés térmico y optimiza el uso del recurso”, agrega el especialista. Este enfoque no solo reduce el consumo de agua, sino que mejora la calidad de las frutillas. Cultivadas con fertilización orgánica y técnicas como el uso de mulch negro para conservar humedad, las frutas alcanzan altos niveles de dulzura, con valores de 10 a 14 grados brix, muy por encima de otras regiones. El impacto en la comunidad rural El proyecto no solo busca mejorar la producción agrícola, sino también generar un impacto positivo en las comunidades rurales. Participan 23 productores distribuidos en localidades como Alto Río Percy, Cholila, El Hoyo y Esquel, quienes han recibido capacitación en energías renovables y manejo de cultivos. Hasta la fecha, se implantaron más de 50.000 plantines.

“La transferencia de conocimientos es crucial para garantizar que estas tecnologías sean adoptadas y mantenidas de forma sostenible”, confirma el ingeniero. Las escuelas técnicas que colaboran en la fabricación de los aerogeneradores también forman parte de esta red, promoviendo una educación práctica y orientada al desarrollo local. La frutilla patagónica: un producto único El secreto detrás del sabor de estas frutillas radica en las condiciones climáticas de la región. Días largos de verano con más de 16 horas de luz permiten a las plantas fotosintetizar intensamente, acumulando azúcares durante el día. Por la noche, las temperaturas frescas reducen la tasa de respiración de las plantas, lo que resulta en frutos más dulces. Sin embargo, los primeros frutos suelen tener deformaciones debido a heladas o falta de polinización, y se destinan a la elaboración de dulces. A medida que avanza la temporada, la calidad mejora, posicionando a estas frutillas como un producto de alta gama en el mercado. Un modelo sostenible y replicable El éxito de este proyecto radica en su enfoque integral. Combina innovación tecnológica, manejo eficiente de recursos naturales y desarrollo comunitario, ofreciendo una alternativa sostenible para la agricultura en zonas rurales. En un contexto de cambio climático y escasez hídrica, iniciativas como esta marcan el camino hacia un futuro más resiliente y responsable en la producción de alimentos.

Fuente: Agencias