Este fue una de las conclusiones que dejó la “Cena de las Energías”, organizada por la revista Energía Bolivia y CECAL, que reunió a especialistas nacionales e internacionales para analizar las tendencias que están transformando el sector energético y los desafíos que enfrenta Bolivia en un contexto regional de profundos cambios.
Dorianne Erazo, vicepresidenta senior de Operaciones de Syzygy Plasmonics, presentó los avances de una tecnología que permite convertir biogás en combustibles sostenibles para la aviación (SAF), uno de los mercados energéticos con mayor potencial de crecimiento durante las próximas décadas.
La ejecutiva explicó que las nuevas regulaciones internacionales obligan a incorporar porcentajes crecientes de SAF en las operaciones aéreas. La Unión Europea, por ejemplo, exige actualmente una mezcla mínima de combustibles sostenibles y prevé incrementarla progresivamente durante las próximas décadas. Brasil también aprobó una normativa que establece metas graduales para la incorporación de SAF en el sector aeronáutico.
Este escenario ha generado una creciente demanda que, según la especialista, podría superar la capacidad de producción disponible hacia finales de la década, creando oportunidades para nuevos proyectos en distintos países. Erazo destacó que Bolivia cuenta con una ventaja competitiva poco explorada: la disponibilidad de vinaza y otros residuos provenientes de la industria azucarera. A través de procesos de digestión anaeróbica, estos subproductos pueden convertirse en biogás y posteriormente transformarse en combustibles sostenibles para la aviación.
Explicó que su compañía desarrolla actualmente proyectos en Uruguay, Brasil y Estados Unidos, y considera que la escasez prevista de SAF después de 2030 abre una importante ventana de oportunidad para nuevos productores. Agregó que cada proyecto puede demandar inversiones de entre 75 y 300 millones de dólares, además de generar nuevas cadenas de valor vinculadas a la economía circular y la reducción de emisiones.
Brasil apuesta por el biometano
El brasileño Giovane Rosa, director de Gas Orgánico y director de Energía de ACATE, mostró cómo el biometano se está consolidando como uno de los pilares
de la transición energética en Brasil. Se obtiene a partir del procesamiento del biogás generado por residuos agrícolas, urbanos e industriales y puede utilizarse como sustituto del gas natural en el transporte, la industria y la generación eléctrica.
Según Rosa, Brasil ya cuenta con 20 proyectos aprobados y en operación, más de 50 en proceso de autorización y 127 iniciativas identificadas para su desarrollo futuro. El potencial teórico de producción alcanza los 120 millones de metros cúbicos diarios, lo que refleja las oportunidades que puede generar.
El crecimiento del sector está estrechamente ligado a la Ley de Combustibles del Futuro, aprobada en 2024, que incorpora incentivos para la producción de combustibles renovables, establece metas de descarbonización y genera señales de largo plazo para atraer inversiones.
La norma forma parte de una estrategia más amplia que incluye el desarrollo de biometano, SAF, diésel verde, nuevas mezclas de biocombustibles y mecanismos de captura de carbono, consolidando una hoja de ruta para la transformación de la matriz energética brasileña.
Rosa destacó además que la industria sucroenergética es una de las principales fuentes de materia prima para esta nueva industria. Residuos como la vinaza, generada en la producción de azúcar y etanol, pueden transformarse en biogás y posteriormente en biometano, generando valor agregado y nuevas oportunidades económicas para las áreas rurales.

De centro gasífero regional a la búsqueda de nuevas inversiones
Mientras otros países avanzan en el desarrollo de nuevos combustibles y gases renovables, Bolivia enfrenta desafíos más inmediatos relacionados con la sostenibilidad de su sector energético y su capacidad para atraer nuevas inversiones.
Durante su intervención, el director ejecutivo de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía (CBHE), Iver Von Borries, señaló que el país ha perdido protagonismo en el mapa energético regional. Hace dos décadas, Bolivia era considerado el centro gasífero de Sudamérica, mientras que Argentina importaba gas, Guyana aún no era un productor relevante y Brasil apenas comenzaba a desarrollar el Presal. Hoy, el escenario es muy diferente: Vaca Muerta compite por inversiones globales, Brasil se consolidó como una potencia energética offshore y Guyana protagoniza uno de los mayores descubrimientos petroleros del siglo.
Según Von Borries, esta transformación regional coincidió con una pérdida de competitividad de Bolivia para atraer inversiones exploratorias. Entre 1991 y 2005 se perforaron 192 pozos exploratorios en el país, mientras que entre 2006 y 2024 la cifra cayó a 61, una reducción del 68%. En el mismo período, los descubrimientos exitosos disminuyeron de 101 a 21.
El resultado ha sido una caída sostenida de las reservas y de la producción de gas natural. De acuerdo con los datos presentados durante el evento, las reservas probadas pasaron de 28,7 TCF en 2003 a 3,7 TCF en 2026, una reducción cercana al 87%.
A ello se suma la pérdida progresiva de mercados de exportación, la creciente dependencia de combustibles importados y el riesgo de que el país deba importar mayores volúmenes de energía en los próximos años.
Von Borries señaló que parte de esta pérdida de competitividad estuvo asociada a cambios en el entorno institucional y jurídico para la inversión, incluyendo la denuncia de tratados bilaterales de inversión y la salida del mecanismo arbitral del CIADI. En ese contexto, sostuvo que Bolivia necesita avanzar hacia un nuevo marco normativo que permita recuperar la confianza de los inversionistas, fortalecer la seguridad jurídica y generar condiciones más atractivas para la exploración y el desarrollo de nuevos proyectos.
Los tres expositores coincidieron en que las normas claras y la seguridad jurídica, son esenciales para el desarrollo de proyectos energéticos que requieren inversiones en el largo plazo.
También expresaron que la transición energética no depende únicamente de la disponibilidad de recursos o del desarrollo tecnológico, sino de la capacidad de generar entornos favorables para la inversión y de incorporar nuevos modelos de producción y la reducción de emisiones.
